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En los calurosos días de sol, entre el aislamiento y el manto de cobertura de la cubierta, fácilmente se alcanzan temperaturas de hasta 80° Este aire caliente acaba propagándose por las zonas bajas, empeorando considerablemente el clima de las habitaciones. Con el frío y la humedad invernal, el aire externo (frío) y el interno (caliente) se encuentran en los espacios existentes entre el paquete aislante y la cubierta, provocando fenómenos de condensación. Sólo una correcta circulación del aire, que entra por la línea del alero y sale a la altura de la cresta, salva estos inconvenientes y prolonga la duración de la cubierta.

 

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  • Para eliminar la humedad: El vapor de agua tiende a migrar de las zonas bajas hacia las altas, creando condensación sobre la superficie inferior de la cobertura. En los días de lluvia, nieve, o fuerte humedad, las tejas tienden a empañarse de agua y transmiten dicha humedad a la estructura subyacente.
  • Para disminuir las altas temperaturas estivales entre la cobertura y el aislante: Una cubierta ventilada expulsa el aire caliente durante el verano antes de que el calor externo (hasta 80°/90°C) se transmita a la zona/ático inferior.
  • Para drenar en la canaleta las eventuales infiltraciones de agua: Cualquier filtración de agua proveniente de la cobertura y/o de sus puntos críticos debe tener la capacidad para desplazarse hasta el canal del alero.
  • Para que la cubierta de tejas dure para siempre: El calor que en invierno sale de las estancias se distribuye uniformemente, evitando la fusión de la nieve. Se obtiene así una garantía frente a la congelación (hielo y deshielo) por parte de los productores tejas.

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